Oscar Coach | Y tú…¿Cómo te enfocas?
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Y tú…¿Cómo te enfocas?

29 oct Y tú…¿Cómo te enfocas?

¿Sabías que el lenguaje es el principal iniciador de las profecías autocumplidas?

¿Sabías que el lenguaje influye en la inhabilidad o  el éxito para cumplir metas y resolver problemas?

Alineando lo que decimos  con lo que queremos lograr conseguiremos más fácilmente nuestros objetivos.

  • ¿Has acabando haciendo justo lo contrario que querías hacer?
  • ¿Has pensado “que no me pase esto” y al final ha acabado pasando?
  • ¿Has pensado “no puedo fallar” y has acabado fallando?

El lenguaje es una poderosa herramienta para comunicar y tiene más influencia sobre nuestras vidas de lo que nos damos cuenta. Las causas están en el inconsciente.

El inconsciente

Con una capacidad de procesamiento de 11,2 mega bits por segundo (nuestra parte consciente es capaz de procesar únicamente 50 bits por segundo), es la parte que se encarga de interpretar y almacenar la información recibida por nuestros sentidos, hacer funcionar nuestro cuerpo, organizar recuerdos, así como de muchas de otras funciones asociadas.

El inconsciente gestiona nuestras decisiones, acciones, emociones y comportamiento y son producto del 95% del pensamiento, mientras que el 5% restante lo ocupa el pensamiento consciente.

Ese 5% es el que ordena la información, procesa y clasifica de manera que podamos entenderla.

Nuestra mente tiene un potencial enorme funcionando a través de símbolos e imágenes, en vez de texto o letras. Esto es fácilmente comprobable con el siguiente ejercicio:

Si yo pienso y repito: “no pienses en un elefante rosa”, más que probablemente pensaré en un elefante rosa.

Freud decía que  el inconsciente no procesa negativos y así se ha confirmado con el paso del tiempo.

De este modo cabe destacar que cuando decimos algo conscientemente, puede tener efectos en nuestro inconsciente y aumenta las probabilidades de que estas cosas sucedan.

¿En qué me enfoco?

Cómo si fuera algo que nos viniera de serie (pura supervivencia)  ponemos más atención en las cosas negativas que en las positivas. De alguna manera nuestro cerebro reptiliano toma el control. La información negativa es, instintivamente, más relevante para nuestro cerebro pues activa nuestros mecanismos de supervivencia.

Si me repito una vez detrás de otra “no me gusta la clase de matemáticas” (algo perfectamente válido) no lo voy a pasar bien cuando se de esa circunstancia, incluso hasta puedo angustiarme pensando en ello.

Si por el contrario busco un enfoque positivo de esa situación podré encararla mejor cuando se dé, incluso se puede convertir en algo que no nos genere ni frio ni calor.

Lo mismo ocurre con la opinión que tenemos hacia nosotros mismos. Nos etiquetan y nos etiquetamos y una vez que  adoptamos esa creencia cambiarla es una tarea que  requiere de un importante trabajo y que es posible conseguir. El problema es que una vez etiquetados lo transformamos en una realidad.

Cuando nos decimos:

  • “Soy despistad@”
  • “Tengo mal caracter”
  • “Soy gord@”
  • “Soy torpe”

Cuando nos dicen personas de autoridad (padres, abuelos, profesores,…):

  • “Eres muy mal@”
  • “Eres vag@”
  • “Eres fe@”
  • “Eres mal estudiante”

Todas esas afirmaciones categóricas sobre nuestro ser hacen que nuestro inconsciente lo contemple como algo inmutable y nos limite en muchos de nuestros objetivos y sueños. Son muy difíciles dejarlas de lado, pues las transformamos en nuestra realidad. Por eso, es importante no etiquetarse ni etiquetar y buscar formas positivas de expresar lo mismo. De este modo conseguimos que para nuestro inconsciente sea algo temporal y posible de modificar.

Utilizar el verbo “ser” convierte una percepción en una realidad para nuestro inconsciente, y teniendo en cuenta que el 95% de nuestro pensamiento proviene de él, que cuando el consciente toma una decisión el inconsciente hace ya unos segundos que ha decidido, es algo a tener muy en cuenta ya que nuestras acciones irán encaminadas hacia ello aunque no queramos conscientemente.

El niño al cual su madre o padre le dicen “Eres muy malo con tu hermano”, como lo entiende como una verdad inmutable dirige inconscientemente sus acciones a ser malo con su hermano, y al ser malo con él su progenitor le repite la misma frase con lo que finalmente queda grabada a fuego y forma parte del pensamiento y autoimagen que tiene el niño.

¿Cómo me enfoco?

Cambiando la polaridad de lo que te dices, esto es diciendo lo mismo en positivo. Haciendo esto puedes encontrar una manera más productiva y hábil de enfrentar estas incomodidades:

  • En lugar de decirte “No quiero estar gord@”, di “Quiero mejorar mi salud o mi aspecto”
  • En lugar de decirte  “Voy a intentar no fallar” di “Voy a hacerlo bien”

 

Haciendo esto el punto de enfoque cambia. Podemos concentrarnos en lo que nos gusta o en maneras para trabajar en aquello que no nos gusta tanto, en lugar de sentir impotencia cada vez que nos encontramos en esas situaciones o cuando por ejemplo no conseguimos un objetivo. Para algunas personas esto inicialmente requiere un esfuerzo, pero con práctica acaba convirtiéndose en algo natural.

La mente consciente es la que fija los objetivos, y el inconsciente es el que se encarga de lograrlos. Dicho esto, para fijar metas sólidas el objetivo debe estar planteado en positivo y poner un período de tiempo.

Es importantísimo tener en cuenta también que nuestra autoimagen se alimenta de lo que nos dicen los demás, pero más importante es lo que nos decimos a nosotros mismos. El punto es que aumentamos considerablemente nuestras probabilidades de éxito, bienestar y felicidad cuando aprovechamos al máximo la ayuda de nuestro inconsciente para lograr nuestros objetivos y resolver nuestros problemas.

Puede que nuestro cerebro esté, por defecto, diseñado para enfocarse en pensamientos y eventos negativos, pero en tu mano está enfocarte en positivo para conseguir tus objetivos, tus sueños y cómo quieres ser.

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